24 de agosto de 2025

El agua, el fuego y el viento

 Las palabras y la vida 

Comenzaré por el agua de la dana, que precedió a los fuegos y al viento.

Ojalá esa agua viniera a apagar los incendios que asolan España. Porque, al ver las imágenes que a todas horas nos frece la televisión, tengo la impresión de que el agua de las mangueras no consigue sofocar los fuegos, que continúan arrasando los campos, los montes, los bosques, los poblados. Diríase que se ríen del agua, incluida el agua que arrojan los medios aéreos.

¿Y el viento? Yo siempre había pensado que una fuerte ráfaga de viento lograría apagar un fuego. Pues no, el fuego de los incendios de este tórrido verano al parecer los vientos cambiantes lo avivan, o hacen que brote a unos metros de distancia.

Llego a la conclusión de que mi sentido de la vista me engaña. En cambio, no hay engaño posible en otros medios más contundentes para atajar los incendios, como son los cortafuegos, o los tractores y otras máquinas que aplastan las zonas que arden.

Dejando a un lado las trampas visuales, me planteo la pregunta clave. ¿Qué o quién provoca el fuego? He oído o leído toda suerte de respuestas y explicaciones, y todas tienen su parte de razón: el calor extremo de este verano, el abandono del campo, de los montes y de los bosques, la población rural envejecida, los jóvenes que huyen de las tareas del campo y emigran a las ciudades, la mano del hombre, bien sea el pirómano o incendiario, o del que busca un interés espurio, una venganza o la satisfacción de un desequilibrio psicológico, o preparar el terreno para instalar paneles solares y molinos eólicos, la multitud de normas y administraciones… Al Gobierno de la nación, la mayoría de cuyos ministros y el propio presidente han estado ausentes de los escenarios del fuego hasta que se han dignado hacer acto de presencia en algunos incendios, digo que al Gobierno central hay que añadir las comunidades autónomas, las diputaciones, los ayuntamientos..., con competencias que se solapan y al final resultan inoperantes. A menudo son los propios vecinos de los pueblos los que tienen que hacer frente al fuego con medios rudimentarios.

Puesto a aportar una solución al problema de los incendios, me inclino por la que veo en el campo de El Espinar. Y no es otra que las vacas pastando en un prado.

Y frente a esta imagen positiva, otra negativa. Estoy sentado en uno de los bancos de madera del parque de Cipriano Geromini y observo a mis pies unas cuantas colillas. Si estos restos de fumadores irresponsables, en vez de haber caído en un suelo donde no hay nada que quemar, hubieran sido arrojados en los rastrojos y las pajas que han quedado sin recoger por todo El Espinar, tendríamos el fuego garantizado.

De nada sirve el cartel que esta misma tarde he divisado, yendo a fotografiar el antiguo depósito de agua, hoy sin tejado, por cuyo ojo de buey arrojábamos piedras de niños, cartel que reza “Peligro de incendio”.

Mi salud deteriorada me impide actualmente caminar por el bosque. Pero no puedo olvidar el estado de abandono de muchas zonas de pinar. Quiera Dios que a estos pinares sólo lleguen cenizas y pavesas de los cercanos incendios de Las Navas del Marqués y de Urraca Miguel, y no el fuego que contrastaría con el nombre de Aguas Vertientes de este monte tan cercano a mi casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17 de agosto de 2025

De pájaros y aves

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Estamos mi hijo Guillermo y yo a media tarde sentados a la sombra de la casa, en una de las escasas treguas que este verano caluroso nos da, incluso en El Espinar.

Guillermo me enseña un libro que ha comprado en Londres y que contiene unos preciosos dibujos de aves a todo color en 64 láminas con los nombres en inglés de las aves dibujadas.

Nos hemos tomado el trabajo de buscar el nombre en español de las distintas especies, pues los ingleses son muy suyos y no incluyen los nombres en latín de las aves dibujadas.

Con paciencia identificamos al petirrojo, dos ejemplares del cual, que deben de ser macho y hembra, son asiduos de nuestro jardín.

Palomas, águilas, búhos, patos, herrerillos, picapinos, cisnes, halcones, golondrinas, ruiseñores…, la lista completa se haría interminable.

Dando un salto en el tiempo, evoco a mi madre, Alicia Baró, que cantaba “El milagro de san Antonio”. Se preguntará algún lector qué tiene que ver esta canción con los pájaros. Pues tiene que ver y mucho, porque en un determinado pasaje del milagro salen a relucir los nombres de los pajaritos que el niño Antonio deja salir de la habitación en la que los había encerrado para que, mientras su padre estaba en misa, no picaran el sembrado.

Espinariegos seguidores del Nuevo Mester de Juglaría conocerán la versión que este grupo hizo del milagro que cantaba mi madre.

A los amantes de pájaros y aves les invito a escuchar el final del milagro de san Antonio, en el que el autor de la letra hace un alarde de conocimiento ornitológico.

“Ea, pajaritos, ya podéis salir.

Salgan cigüeñas por orden,

águilas, grullas y corzas,

avutardas, gavilanes,

lechuzas, mochuelos, grajos.

Salgan las urracas,

tórtolas, perdices,

palomas, gorriones

y las codornices.

Salga el cuco y el milano,

zorzal y andarríos,

canarios y ruiseñores,

tordos, jilgueros y mirlos.

Salgan verderones,

y las cardelinas,

también cogujadas

y las golondrinas”.

No  pocas de estas aves acudían por orden de su tamaño, empezando por las más pequeñas, a picotear las migas que mi primera mujer, Ana, la madre de Guillermo, les echaba en el jardín de nuestra casa de El Robledal, que hoy conserva con amor Isabel Codina.

Yo tuve que comprar una guía para identificar a los distintos pájaros y aves, que con fidelidad se ajustaban a la descripción de la guía.

Estando sentado en una hamaca en el jardín de dicha casa, nunca logré ver al cuco, cuyo canto insistente sí que oía.

Porque “el cuco, no es mito, lo trae san Benito”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10 de agosto de 2025

El suministro de agua en El Espinar

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

¿Cómo es posible que en El Espinar tengamos problemas en el suministro de agua?

Releo algunos capítulos de mi libro El cuaderno de El Espinar y una vez más me asombro ante la gran cantidad de ríos y arroyos que recorren este pueblo.

Por orden de importancia, citaré entre los ríos el Moros, el Voltoya, el Boquerón y el Gudillos.

Entre los arroyos, a riesgo de dejarme alguno en el tintero, no puedo por menos de mencionar el Mayor, el Gargantilla, el de Prado Goyato y el de las Barrancas.

Se me objetará con razón que tanto los ríos como los arroyos de El Espinar sufren la sequía del estiaje y en verano quedan reducidos a hilos de agua, si es que no se secan por completo.

Además soy consciente de que para el aprovechamiento de esas corrientes acuáticas en el consumo de las industrias y de los hogares hay que canalizarlas y bombearlas.

Aún así, no se me alcanza que tengamos que recurrir al agua del embalse de la Puente Alta, que yo he visto desaguar cuando voy a Segovia y del que me dice algún entendido que tiene poco fondo.

Y si los ríos y los arroyos son difíciles de canalizar para el suministro humano, ¿qué decir de las innumerables fuentes de El Espinar? Mi admirado y admirador Javier Sanz Pérez, en su precioso libro Las Fuentes de los Montes de El Espinar –respeto las mayúsculas del ejemplar que obra en mi poder, dedicado por el autor y editado por la Diputación de Segovia– recoge 61 fuentes, incluida la del Carnero, que en el Anexo denomina LA FUENTE DE LOS GABARREROS, “en homenaje a todos aquellos que vivieron de nuestros montes y de sus leñas y que realizaron una labor tan importante en los mismos”.

Pues bien, esos 61 manantiales, que alivian el calor y la sed de los caminantes que recorren los bellos parajes en los que están enclavados, sería una utopía pretender aprovechar su caudal para el consumo de industrias y hogares.

Recreémonos con los evocadores nombres de tales fuentes, como Virgen de las Nieves, la Hiedra, el Acebo, los Arteseros, las Barrancas, Peña la Casa, Fuente Fría, el Mostajo, Marichiva, las Fuentecillas…

Y animémonos, mientras nuestra salud lo permita, a recorrer esos parajes.

Como señala Javier San Pérez en la Introducción al libro, “No es casualidad que uno de nuestros montes principales sea conocido bajo el nombre de Aguas Vertientes”.

¿Qué podemos hacer en estas circunstancias los sufridos usuarios? Pues está claro que no dejar correr el grifo sin contención, controlar el tiempo de la ducha, del lavavajillas y de la lavadora.

Por supuesto, no regar el césped ni lavar el coche.

Y hacer rogativas para que llueva con abundancia.

Aunque como decía con sorna en el cuento, no sé si apócrifo, el cura al que los vecinos le pedían que sacara al Cristo en procesión: “Sacar al Cristo, yo lo saco, pero si no está de llover…”.

 

 

 

 

 

 

 

 

3 de agosto de 2025

Cambios de casa y de rutinas

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Como bien sabe Hacienda, no tengo más que una casa en propiedad, un chalet pareado en El Espinar, en el que y suelo pasar el mes de julio y en el que habitualmente reside mi hijo Guillermo. Este año, por razones médicas, yo voy a estar, Dios mediante, en esta mi casa también los meses de agosto y septiembre.

También por causa de los tratamientos de mi enfermedad, me trasladé a Madrid y en la capital de España vivo en la casa de mi mujer, Angelina Lamelas.

Y otros años, no este, los dos hemos pasado el mes de agosto en la vivienda de Santander en la que habitan dos hermanos de Angelina, Ana y Diego.

Después de este prolegómeno recalo en el tema principal del presente blog, que no es otro que la ruptura de la rutina que dichos cambios de casa acarrean.

Empezando por las llaves de las distintas viviendas: ¿Cuáles son las de El Espinar, las de Madrid y las de Santander? Esta duda me ha llevado a dejar unas llaves en la casa anterior, con el consiguiente trastorno e incluso pérdida de estos imprescindibles adminículos.

Sigamos por orden de las rutinas habituales.

¿Dónde están en esta casa el cuarto de baño y los útiles de aseo, dónde los platos y demás elementos para preparar y tomar el desayuno?

Así podría continuar con otras ocupaciones del día a día.

¿Dónde compro el periódico, en la tienda de Flavia en El Espinar, en el Supercor del Parque de las Avenidas, que tiene casi de todo, o en una frutería de la Avenida de Reina Victoria de Santander que últimamente solo proporciona “El Diario Montañés”.

¿Salgo a hacer la compra o comemos fuera de casa y en qué cafetería o restaurante? ¿O compra, cocina y recoge mi hijo Guillermo, que lo hace de maravilla?

A estas edades y enfermedades tanto de Angelina como mías, es fundamental no dejarse alguna de las numerosas medicinas que ambos necesitamos.

En el duermevela de la siesta y en el sueño nocturno, a menudo me pregunto dónde estoy miro a un lado para comprobar si está mi mujer.

Me interrumpirá el paciente lector y me aconsejará: ¿Por qué no se están ustedes quietos en una casa, que ya no tienen años ni salud para tantos trajines?

Razón que le sobra. Por de pronto, yo este verano no he podido ir a Santander. A Angelina la ha llevado a la capital cántabra en mi coche su hijo Jose. De Madrid a El Espinar nos ha traído Jose, también en mi coche. ¡Qué bien se va al lado del conductor oyendo la música de Radio Clásica!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

27 de julio de 2025

Retorno a El Espinar

  Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

No retorno al Espinar. La gramática no permite en este caso y en otros similares hacer la contracción ‘al’. Aunque cualquier día la Real Academia Española nos deja hacerlo, como en su día decidió que la elle y la doble erre no eran letras, sino dígrafos, y en 1994 las eliminó del alfabeto español, que pasó a tener 27 letras en lugar de 29.

Pero vayamos al núcleo de este artículo. Se extrañan personas con las que me cruzo por la calle de no verme hace tiempo en El Espinar. La razón es que me he trasladado a vivir en Madrid, entre otros motivos porque en la capital de España está la casa de mi mujer Angelina Lamelas y porque en Madrid, aunque parezca extraño, tengo más a mano la atención médica que, viviendo en El Espinar, hace que debas trasladarte a Segovia e incluso a Valladolid para determinados tratamientos.

Pero una vez en El Espinar desde primeros del presente mes de julio vuelvo a disfrutar de sus cielos azules y del sol de la infancia.

Cuando en Madrid y en otros lugares de España están sufriendo temperaturas que llegan a superar los 40 grados, en El Espinar no pasamos de unos agradables veintitantos.

Por desgracia ya no puedo recorrer los caminos, los senderos y las cañadas que en tiempos pasados me permitían transitar por el camino del Ingeniero, subir a Cueva Valiente o al peñón de Juan Plaza. Que ahí siguen con su agreste belleza, como elementos definitorios del paisaje espinariego.

La última vez que subí con mis hijos, nietos y algunos amigos a la Cantera de Navalvillar me quedé sin resuello y tuve que ser ayudado por uno de esos amigos, en este caso amiga. Entonces mi yerno me recomendó caminar todos los días al menos una hora, recomendación que seguí durante algún tiempo y que coincide con la prescripción de la uróloga que me trata.

Mi enfermedad me lleva a olvidar los nombres de amigos de toda la vida y a no reconocerlos cuando ellos me paran por la calle. Aprovecho estas líneas para pedirles que me perdonen.

Pero estos olvidos no son debidos a El Espinar ni a sus habitantes de cutio o veraneantes.

He delegado en la eficaz y gran escritora Ana G. Novac la coordinación de las tertulias “El libro del mes”, que siguen celebrándose en el marco incomparable del restaurante El Espino gracias a su anfitriona Isabel Codina.

Y confío en que mi buen amigo y experto director de “La Voz de El Espinar” considere pertinente incluirme en las ´páginas del periódico para que mis amigos espinariegos no me pregunten cuando me encuentran por la calle por qué no escribo en “La Voz de El Espinar”.

Aunque es posible que no cumpla los requisitos de extensión que Marco García Hiernaux fija a los colaboradores, confío en llenar con fotografías de El Espinar la página de mi colaboración.

Ahí incluiré parajes tan bellos como la mata de Santo Domingo con los restos y el arco de la ermita, los pinares del monte de Peña la Casa y la citada cantera de Navalvillar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

20 de julio de 2025

Del diccionario y el crucigrama a Google

 Las palabras y la vid

Alberto Martín Baró

En la Editorial Santillana estábamos preparando la edición del Diccionario esencial de la lengua española bajo la dirección del filólogo y escritor, miembro de la Real Academia Española, Gregorio Salvador. Salió a colación la palabra tas y al sabio académico no le pareció que dicho término debiera figurar en un diccionario dirigido a escolares. Yo le pregunté al docto académico si era aficionado a hacer crucigramas. No recuerdo su respuesta, pero sí compruebo que la palabra tas figura en el Diccionario esencial, de cuya dirección editorial yo fui responsable. tas s. m. Yunque pequeño, usado especialmente por plateros y hojalateros.

Es muy posible que mi afición a hacer crucigramas influyera en la inclusión de tas en el Diccionario esencial.

Pasados muchos años, hablando con Lucrecia Naveda, amiga de mi mujer Angelina Lamelas, al enterarme de que a Lucrecia le gustaba hacer crucigramas, le pregunté si conocía el término tas, a lo que ella contestó sin dudar: “Yunque de platero”.

Hay un montón de monosílabos como el tas de marras que un crucigramista, en la acepción no de la persona que inventa crucigramas, sino que los resuelve o intenta resolverlos, conoce perfectamente, aunque no haya visto en su vida el objeto que define.

Así car podía el autor de un crucigrama definirlo como coche en inglés. Pues no. Si usted, amigo lector, se ha encontrado en un crucigrama con este término hallará una definición semejante a esta: “Extremo o parte inferior de la entena”, ojo, no antena. Por supuesto, ni entena ni car figuran en el Diccionario esencial.

Sí, el mundo terminológico de los crucigramas es muy suyo, y no oiremos en una conversación habitual palabras que a los aficionados a estos pasatiempos nos son familiares y nos ayudan a resolver otros términos. Iterar es repetir. Y sí lo encontramos en el Diccionario esencial, pero no lo usamos en el habla corriente.

También nos ayuda a rellenar casillas de un crucigrama irado, con la significación de forajido. El Diccionario de la Real Academia Española lo califica de “desusado”.

Al tratar de resolver un crucigrama hay que estar muy atento a si la palabra pedida está en las casillas verticales o en las horizontales, y si debe escribirse al derecho o al revés.

A mí, que he dedicado gran parte de mi trabajo editorial a crear “Obras de consulta y referencia”, como son los diccionarios y las enciclopedias, me produce una cierta nostalgia ver cómo el buscador Google ha sustituido en gran medida a los diccionarios y las enciclopedias en papel.

Y que conste que yo también recurro a Google en mi móvil para obtener una información o resolver una duda.

O tempora, o mores, ¡Qué tiempos, qué costumbres!, como dijo Cicerón en su primera Catilinaria.

Sí, mucho han cambiado los tiempos y las costumbres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13 de julio de 2025

Recuerdo emocionado de Carmen Silva

 Las palabras y la vida 

Alberto Martín Baró

Leo en el blog de Julia Sáez-Angulo que el 7 de julio de 2025 ha fallecido en Boadilla del Monte (Madrid), donde residía, la escritora Carmen Silva y Velasco, nacida en Madrid en 1938.

Conocí tarde a Carmen Silva. La primera vez que asistí a un acto en el que ella intervenía fue una tarde fría de noviembre de 2013 en la cálida rebotica del herbolario Margaritas en El Espinar. Carmen presentaba un libro de su amiga María Carmen Gracia Abad, más conocida en los círculos literarios como May, investigadora histórica y arqueológica, poeta y narradora. En este caso, su libro, objeto de la presentación, era un poemario titulado Tarot, espejo de la vida. Carmen Silva, periodista, poeta y narradora, se adentró en los arcanos del Tarot, después de confesar que en una primera lectura no había entendido nada. Como a mí me había ocurrido lo mismo, mi atención se intensificó. Porque una segunda lectura, más reposada y hasta en voz alta, le fue descubriendo a ella los profundos a la par que inteligibles contenidos de aquellos poemas.

Me sirve este mi primer encuentro con Carmen Silva para ilustrar uno de los rasgos de su personalidad humana y literaria que quiero poner de relieve en mi recuerdo.

Una cualidad de Carmen que en aquella ocasión se me reveló y que después pude confirmar en otros muchos actos es el valor que concedía a la amistad. Amistad que aquel día se volcó en May, su compañera de tantas aventuras literarias, y que después he visto cómo abrazaba a innumerables escritores o simplemente amigos. Carmen siempre estaba disponible para todos, con su sonrisa, con su entrega, con su buen juicio y su incansable trabajo, en beneficio de las personas, de los proyectos y de los grupos, ya fuera Tintaviva o Boadilla Troquel.

Doy un salto en el tiempo al mes de octubre de 2015. ¿Sería posible que esas personas que hacían cola ante la puerta del edificio de la SGAE en la madrileña calle de Fernando VI esperaran para asistir a la presentación de una revista de poesía? Pues sí, no solo era posible, sino además real. Una consoladora realidad. Gracias a la mediación de May y a la generosidad de Carmen Silva, yo participaba con dos poemas en la revista Troquel, cuyo número 4 se presentaba.

Aquella fiesta de la poesía me da pie para resaltar nuevas luces de Carmen Silva. Por un lado, su ya mencionada amistad, que abarca a figuras consagradas de la literatura. En el número 4 de la revista Troquel, la firma invitada era Antonio Gala. Pero también figuraban poemas de la poeta y traductora Clara Janés, del también poeta Carlos Murciano y del escritor, historiador, periodista y político Juan Van Halen.

En la presidencia del acto acompañaban a Carmen Silva la pintora Trinidad Romero, de la que aparecían en la revista espléndidas ilustraciones, la entonces secretaria de la Asociación Boadilla Troquel Gema Martín-Romo, la periodista y escritora Julia Sáez-Angulo, subdirectora de la revista, el abogado y escritor Francisco de la Torre, y Beatriz Villacañas, poeta, ensayista, catedrática y crítica literaria. Todos ellos, amigos entrañables de Carmen Silva.

Pero Carmen siempre estuvo abierta a admitir en su círculo de amistades, en el grupo Boadilla Troquel que presidió y en la revista Troquel a nuevos nombres y valores.

Me traslado con el recuerdo a Córdoba en el mes de abril de 2016. De nuevo Carmen Silva promovía una lectura poética, nada menos que en la Sala Julio Romero de Torres del Real Círculo de la Amistad. Presentaba el acto el escritor, poeta, traductor, ensayista, catedrático de Lengua y Literatura, y socio fundador del Ateneo de Córdoba Manuel Gahete e intervinimos como poetas Matilde Cabello, Carmina Casala, May Gracia, Angelina Lamelas, Alberto Martín Baró, José María Molina Caballero, Antonio Moreno Ayora, Balbina Prior, Jesús Riosalido, Carmen Silva y Beatriz Villacañas.

En una cena en la que la noche anterior compartimos mesa con Carmen Silva varios de los poetas mencionados, Carmen nos hizo unas íntimas confidencias sobre lo que había significado en su vida, amén de la amistad, el amor, los hombres que se habían enamorado de ella. Fruto de ese amor es su familia, son sus hijos y nietos. Cuando en su poesía Carmen canta al amor, al amor espiritual, sexual y erótico, sus arrebatos y decepciones, sus entusiasmos y nostalgias, habla con conocimiento de causa, desde lo más íntimo de su experiencia vital.

En un plano personal, a Carmen tengo que agradecer, al habernos invitado a aquella lectura poética, que nos conociéramos Angelina y yo, y en una mañana radiante de primavera cordobesa se iniciara nuestra historia de amor. Gracias, Carmen.

Para Carmen, la ciudad lejana de García Lorca se le había hecho cercana con el reconocimiento de su trayectoria literaria al haberla nombrado académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.

Escuchar a Carmen Silva recitar sus poemas era un verdadero placer. Yo lo experimenté en la Sala Manuel de Falla de la SGAE, en la Casa de La Rioja en Madrid, en la citada Sala Julio Romero de Torres del Real Círculo de la Amistad de Córdoba, en el Casino de Salamanca y en la sede de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE) en la calle de Leganitos de Madrid.

Cuando en alguna ocasión, por la razón que fuera, Carmen Silva no pudo estar presente en un recital o presentación de un libro en que había sido anunciada, su ausencia se hacía sentir de forma clamorosa.

En este mi emocionado homenaje a Carmen Silva quiero apuntar una breve mirada a sus escritos, como ya he dicho, de caleidoscópica variedad y riqueza. Y soy incapaz de reseñar características de su polimórfica sinfonía. Releo algunas páginas de cuatro libros que he abierto para escribir estas líneas: el poemario Conversaciones de la alondra con el espíritu de Dios, editado por Curva Polar en 2016, los también poemarios Hoy no es ayer y Academia de sombras, editados en 2016 y 2017, respectivamente, por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, y el libro de relatos Algo más que un cuento, editado por Atlantis en 2018. Conforme releo algunas de estas páginas me invade la indescriptible sensación de estar ante una escritora de raza que dominaba todo lo que abordaba. Y solo se me ocurre la admirada exclamación: “¡Qué maravillosamente bien escribía Carmen Silva!”.

Y ella no se contentaba con escribir de forma magistral en los más variados registros, sino que ejercía su magisterio enseñando a expresarse mediante la palabra en talleres de escritura a alumnos que luego proclamaban en sus escritos su deuda literaria con Carmen Silva.

Su labor infatigable en pro de la literatura y, muy en especial, de la poesía, no le impidió saber delegar, así, en los dos últimos números de la revista Troquel, en el sabio quehacer editorial de Julia Sáez-Angulo y Rogelio Sánchez Molero.

Pero, Carmen, tu saber, tu experiencia, tu habilidad para obtener subvenciones, que todo hay que decirlo, tu prodigiosa imaginación, tu dominio de la palabra adecuada a cada invención, a cada sentimiento, a cada narrativa, son irremplazables.

Carmen, eres insustituible. Te admiramos y te queremos. Descansa en paz.