Las palabras y la vida
Alberto Martín Baró
No
sé si a usted, querido lector, le ocurre no saber en qué día vive. Yo, con
frecuencia, tengo que mirar en el periódico o en el móvil la fecha en que vivo.
Y si abro el ordenador, en su pantalla aparece en grandes caracteres el día en
cuestión.
Porque,
oyendo o leyendo las noticias, tengo la impresión de que la actualidad se
repite.
Y
como tratan los mismos temas, tampoco me dan una pista sobre el día actual los
tertulianos de las pocas tertulias que soporto.
Así,
por poner algunos ejemplos, sigue sin dimitir ni ser llevado a juicio el fiscal
general del Estado, Álvaro García Ortiz.
Por
su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, continúa aferrado a la poltrona
de La Moncloa, sin intención alguna de presentar los Presupuestos Generales del
Estado o convocar elecciones.
A
su amada esposa un incansable juez la acusa de un nuevo delito, sin que tampoco
se siente en el banquillo de los acusados.
Y,
sin salir de la familia Sánchez, veo que el hermano del presidente no sabe en
qué ni dónde trabaja.
Los
incendios que asolan España en este tórrido verano no acaban de ser extinguidos
y tampoco me dan una pista sobre el día en que vivo.
Las
acusaciones entre los partidos y los líderes políticos no cesan y de antemano
sabemos de qué se van a acusar dependiendo de las siglas bajo las que militan.
En
el ámbito internacional, Vladimir Putin, no contento con haber invadido
Ucrania, bombardea Kiev con drones y misiles causando la muerte de civiles,
incluidos niños, en una guerra en la que después acudirán los soldados para consolidar
los frentes y las zonas ocupadas.
Como
causan muertes de niños y civiles inocentes los bombardeos de Israel sobre
Gaza, que son genocidio a juicio de los partidarios del inexistente Estado
palestino, mientras Hamás no cesa de utilizar a la población gazatí como escudo
para su incesante terrorismo.
Donald
Trump se inventa aranceles que se asemejan a los del día anterior o los
incrementan, mientras no renuncia a su pretensión de anexionarse Canadá y
Groenlandia.
¿Hay
en el panorama nacional o internacional alguna novedad, negativa o positiva,
que nos dé una pista sobre la fecha del calendario en la que nos encontramos?
Si
mi mujer y yo estamos en su casa de Madrid, y no en El Espinar, al salir yo por
la mañana a hacer la compra sí sé que es sábado o domingo porque no está en la
portería el conserje.
También
mi mujer me recuerda que estamos en sábado o domingo y, si nuestra salud no lo
impide, asistiremos a misa en la parroquia de San Juan Evangelista que tenemos
enfrente de casa.
Y un
indicio ineludible del día en que vivimos y que no debemos olvidar son las
citas médicas, muy frecuentes a nuestra edad y que el hospital de turno nos
comunica en papel o en un mensaje del móvil.
Gracias
a la profesionalidad de médicos y sanitarios capeamos los males de nuestra
salud y sabemos en qué día vivimos.
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